-Pues mire doctor, resulta que desde hace unos días vengo viendo que el mundo es mucho más gris de lo que solía ser. Desde hace dos o tres meses más o menos, me da la impresión de que la gente camina por el mundo y por la vida con la cabeza más baja, y de manera más lenta de lo normal, por alguna razón siento como si todos llevaran en su interior una gran piedra que les enlentece el paso. Yo por mi parte, ya no estoy seguro de querer seguir con la intención de ser un médico como usted. El prospecto de ser un médico general trabajando para una despiadada Entidad Prestadora de Salud de pacotilla como esta en un país tan ineficiente política y humanamente, me parece francamente aterrador. Tendría yo que ser cómplice del sobresaturado sistema y atender de la manera más inhumana y sistematizada posible el máximo de pacientes que se me han sido asignados para mis horas laborales y pasar la mayor parte de mi tiempo de cara a la pantalla del computador donde deberé consignar eufemismos técnicos para resumir las largas e irrelevantes historias que vendrán a contarme esos atribulados pacientes ya que el tiempo no me permitirá ni mirarlos a la cara, ni saludarlos, y sólo ignorarlos tal como usted lo está haciendo en éste momento. Pero bueno, déjeme contarle doctor que hace unos años se me diagnóstico un trastorno de pánico, se me recetaron medicamentos que con sagrada fidelidad tomé de la manera estricta porque, bueno, eso de sentir uno que se le va a salir el corazón del pecho disparado hacia el infinito con costillas y esternón y todo y que en cualquier momento se va uno a morir no es precisamente la sensación más agradable del mundo. Pero el problema es que, como le dije ahora, por la ineficiencia política de nuestros electos gobernantes actuales (a mí no me mire, yo doy gracias a la vida por la existencia del voto en blanco), desde hace unos meses reclamar medicamentos en ésta la institución de pacotilla para la que usted trabaja, se ha vuelto un verdadero absurdo. La última vez que lo hice, debí llegar temprano en la mañana para reclamar el turno, con el cual pasaría a reclamar el turno de atención con el cual debía entregar mi fórmula al despachador de medicamentos el cuál me diría cuándo sería mi turno de reclamar el turno, para pasar por el turno, etcétera, ad infinitum. Viendo a algunos ancianos fallecer en la fila con su numerito impreso en un papelito aún sosteniéndolo con fuerza entre los dedos (aunque bien podría haber sido el rigor mortis, por supuesto), decidí que sería mucho más eficiente, rápido y menos traumático para mi enriquecer aún más a las empresas farmacéuticas y comprar los medicamentos en la farmacia menos atiborrada de gente posible. Como le he dicho, eso de sentir las cosas que le hace a uno sentir los brotes paroxísisticos de esta enfermedad es francamente aterrador. El caso es que, hace unos días, mi familia y yo hemos sufrido un revés económico y uno de los primeros recortes que se hizo para afrontar la escasez fue el del dinero para los medicamentos. Mi madre no considera muy importante, ni muy necesario, que yo continúe tomando este tipo específico de medicamentos (ella es un poco criada a la vieja usanza, aquí entre nos), y pues no la culpo ya que tanto usted como yo sabemos que los cambios que obran en la persona son muy sutiles para el ojo no entrenado. Ante el terror indecible de volver a sentir que me quedaba sin respiración acurrucado en una esquina de mi habitación, decidí suspender los medicamentos que más carga económica representaban para mí y quedarme con el más barato... aún así, una vez opté por el más barato, debí escoger un análogo del mismo grupo farmacológico aún más asequible (pero un poco menos indicado para mi caso particular) a mi reducido presupuesto. Debo admitir que al principio este ajuste autoimpuesto colmó mis expectativas tanto terapéuticas como económicas, pero ahora francamente creo que no fue la mejor decisión. Y es aquí doctor donde le solicito que me preste un poco más de su atención... si, buenas, sí, soy yo el de aquí, el paciente, bueno, en fin, continuaré...
Como le venía diciendo, quizás el cambio no fue la mejor decisión porque paulatina y larvadamente se han venido instaurando algunas sensaciones en mí que antes no sentía. Empezaré contándole una de las que más preocupación inmediata me genera: tengo una libido comparable a la de un árbol o una piedra. Yo soy un hombre joven doctor, y pues, hasta hace poco tiempo, y sin ánimo de alardear, yo era el tipo de hombre que podría considerarse digamos con "ímpetu" y en términos generales "satisfactorio" (si me hago entender, ¿No?); ahora ver, saludar con un beso, abrazar o sentir el dulce aroma de alguna mujer me genera el mismo impacto emocional y visceral que me generaría leer una señal de tránsito o ver un semáforo. Mi novia obviamente ha notado esto, ha sido víctima de ello, y temo profundamente que me deje.
Otra sensación, digamos recientemente intensificada, ha sido esa de la futilidad de la existencia humana, y pues particularmente de mi propia existencia. Me encuentro muchas veces preguntándome por qué todo se ve gris, por qué la gente insiste en cargar sus grandes piedras internas y arrastrar los pies bajo el peso abrumador sobre sus hombros, cuando al final tanto piedra como cuerpo van para el mismo agujero. Ya le he preguntado a mucha gente esto, directamente, obviamente en palabras un poco menos metafóricas, pero ninguna respuesta me satisface. De hecho, últimamente, nada me satisface. Escribir, leer, estudiar, hablar con la gente, mirar las nubes o las estrellas, tomar café, fumarme un cigarrillo de vez en cuando, ver una buena película o salir, no me satisfacen como antes y en algunos casos encuentro estas actividades odiosas, tediosas y repetitivas. Mi novia obviamente ha notado esto, ha sido víctima de ello, y temo profundamente que me deje.
La muerte es algo en lo que pienso constantemente. Tanto usted como yo sabemos que es quizás la parte más chocante de nuestro oficio y con la que menos quisiéramos lidiar en nuestros pacientes. Imagino que estará usted plenamente consciente tanto como yo de que todo paciente es el padre o madre de alguien, tío, abuelo, hermano, amigo, socio o cónyugue de alguien y que la muerte de ese alguien no significa la muerte de esa única persona, sino la "necrosis" (como para ponerlo en términos técnicos) de una parte del alma de quien lo rodea proporcional, por supuesto, al grado de cercanía con el difunto. Sobre todo cuando estuve rotando en el servicio de urgencias, me encontré en varias ocasiones presenciando fascinado cómo las constantes vitales de esos pacientes insalvables se iban apagando con el pasar de los minutos, y, aunque siempre mantuve una expresión solemne, muy en el fondo de mi pensamiento me imaginaba allí acostado, falleciendo lentamente, descargando uno por uno los pesos del existir como quien después de un largo y extenuante ejercicio se va despojando de su ropa empapada de sudor para meterse a una reconfortante ducha. La duda sobre la futilidad de la vida humana y la insistencia de mi pensamiento de revolotear cual gallinazo alrededor de la idea de la muerte, ha empezado a permear cada una de las actividades que hago con consecuencias francamente apreciables tanto por mí, como por algunos de los demás creo yo. Mi novia obviamente ha notado esto, ha sido víctima de ello, y temo profundamente que me deje.
Doctor, ¿Se durmió?, ¿Hola?... no importa, igual yo sé lo que va a decidir conmigo en su deshumanizado obrar, sé también que usted mismo no despojó de humanidad nuestra digna profesión sino que esta institución de pacotilla (no puedo insistir lo suficiente al respecto) le ha obligado a hacerlo para sobrevivir, y sé más o menos cómo consignó todo lo que le acabo de contar en aras de su tiempo, su salario, su contrato, y su propia cordura quizás:
"...paciente adulto joven de género masculino, con antecedente de trastorno de pánico, orientado, euproséxico, porte adecuado, actitud colaboradora, congraciadora, por momentos hostil, leve retardo psicomotor, pobre fijación de mirada con entrevistador (¿Ctrl + C, Ctrl + V?), ánimo de fondo triste, hiporresonante, hipomodulado. Refiere anhedonia y disminución de la libido. Marcada prolijidad del discurso, ideas de minusvalía, muerte, ruina, impresiona ideación suicida poco estructurada. No alteraciones sensoperceptivas. Juicio, raciocinio y funciones mentales superiores conservadas (¿Ctrl + C, Ctrl + V?), introspección adecuada (sic), prospección pobre. Examen físico normal y estabilidad hemodinámica. El paciente podría estar cursando en el momento por cuadro depresivo moderado sin riesgo autolítico por ahora. Indico realización de paraclínicos y remisión a psiquiatría para valoración y ajuste de tratamiento farmacológico por pobre adherencia al mismo."
Antes de irme doctor, obviamente agradezco la atención que me prestó (sic), y espero volver a verlo en mejores condiciones... tanto las suyas, como las mías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario